Blog

DETERIORO COGNITIVO LEVE: CUANDO EMPEZAMOS A VERLE LAS OREJAS AL LOBO

Algunas de las preguntas que no hacemos cuando observamos a un familiar teniendo dificultades para recordar fechas o eventos, despistados al no saber quíen es esa persona que le está saludando tan afablemente o para recordar el nombre de su nieta son:

  • ¿Es esto normal o debo preocuparme?
  • ¿Qué podría hacer para ayudarle?
  • ¿Quién o dónde me pueden ayudar?
  • ¿Cómo va a progresar esto?

En ocasiones son los propios protagonistas los que son conscientes de que su cabeza “no es lo que era”, generándoles rabia, frustración e inquietud. Se preocupan por si esto que les ocurre irá a más, posiblemente a una demencia, o si pueden hacer algo para evitar que sea más grave y ponerse a ello.

Otras veces, lamentablemente, son los últimos en darse cuenta de que todo está cambiando.

¿QUÉ ES EL DETERIORO COGNITIVO LEVE?

El Deterioro Cognitivo Leve (DCL) es la disminución mantenida del rendimiento de las funciones cognitivas desde un nivel previo más elevado.

Las causas son múltiples: depresión, alteración por la edad, accidentes o procesos cerebrovasculares, alcoholismo, daño cerebral traumático, cirugía del cerebro, etc. Este proceso se define como una frontera entre el envejecimiento normal y la demencia y agrupa a pacientes con un empeoramiento en su rendimiento que sobrepasa el envejecimiento normal, aunque no es suficientemente severo para diagnosticar una demencia. Las dificultades ocasionadas por este deterioro se hacen observables ante situaciones demandantes que requieren de cierto control cognitivo y que nos pueden alertar de que algo está ocurriendo.

Algunos ejemplos de estos signos de alerta pueden ser el hecho de que a la persona se muestre más indeciso, que le cueste más tomar decisiones o, por el contrario, volverse más impulsivo u observar que a la hora de realizar una tarea la complete como si no le prestara mucha atención (con menos razonamiento). El hecho de que en lugares que son familiares para la persona y que conoce bien, se desoriente, o que se sienta perdido o no consiga adaptarse ante nuevas situaciones. Notar que le cuesta mantener el hilo en una conversación, lectura o película.

Estas situaciones pueden hacer sonar la alarma en los familiares que ven como la persona pasa de realizar tareas prácticamente automáticas a tener que realizarlas con un sobreesfuerzo inesperado. En muchas ocasiones pasa desapercibido, pero poco a poco van apareciendo pequeños errores que van evolucionando hasta manifestarse (con cierta brusquedad) en las actividades de la vida diaria.

Actualmente el DCL está infradiagnosticado y el reto supone detectarlo en las fases iniciales dado que es un proceso que con frecuencia evoluciona a la enfermedad de Alzheimer (EA) u otros tipos de demencia. Los nuevos criterios diagnósticos incluyen biomarcadores. Pero, en la práctica diaria, la historia clínica y la evaluación de diversas esferas (sobre todo la neuropsicológica), siguen siendo las herramientas más eficaces. El paciente suele acudir a consulta con quejas subjetivas de memoria aunque a veces es llevado por los familiares que observan olvidos importantes.

Como decíamos, no necesariamente este deterioro es un anticipo de la EA. Puede ser el indicador previo del desarrollo de otro tipo de demencias. También es muy común que el DCL aparezca junto con sintomatología depresiva y confundirla con una pseudodemencia. En estos casos la depresión es la causa del déficit y tratándola el deterioro cognitivo puede ser reversible. Resulta fundamental realizar una evaluación neuropsicológica completa que se adapte a la persona y que pueda ayudar a describir las diferentes sintomatología y a distinguir entre las posibles causas para poder actuar cuanto antes.

Un diagnóstico precoz del DCL nos permitirá poner en marcha cuanto antes terapias no farmacológicas y en breve, terapias farmacológicas, así como enlentecer el desarrollo del deterioro cognitivo. Se trata de una población vulnerable con numerosos factores de riesgo: calidad de vida muy disminuida, accidentes, consultas repetidas y tratamientos mal orientados, descontrol de la medicación y de sus otras patologías, dificultades en la vida cotidiana,…

La prevalencia de DCL en sujetos mayores de 65 años oscila entre 17 y 34%. Según diversos estudios alrededor del 15% de los sujetos con DCL evolucionan cada año a demencia (Petersen et al., 2009), de ahí la importancia de del diagnóstico precoz.

Una condición para el diagnóstico de demencia es que haya alteración en las actividades de la vida diaria (aspecto social, laboral-ocupacional o de las actividades habituales que antes realizaba) de manera que el paciente sea «dependiente» de otras personas. Estas alteraciones de la vida diaria son fundamentales en el momento de diferenciar el DCL de la demencia y suelen utilizarse como un criterio mayor de diferenciación. En el DCL se supone que estas alteraciones o no existen o son mínimas.

Existen subtipos o formas de presentación con diferente evolución (Sugiura, 2016):

  • Tipo amnésico, con afectación exclusiva de la memoria, es el más conocido, estudiado y mejor definido.
  • Tipo amnésico multidominio, en el que la alteración de la memoria se acompaña de alteración en otra área cognitiva, habitualmente la función ejecutiva.
  • Tipo no amnésico, que cursa con alteración de la función ejecutiva, el área visuoespacial o el lenguaje.
  • Tipo no amnésico multidominio, que cursa con afectación de más de un dominio diferente a la memoria

En el siguiente gráfico puede observarse el curso del deterioro cognitivo a medida que avanza la edad o suceden hechos como los mencionados. La persona parte de una “normalidad” en la que no hay aparentes alteraciones cognitivas, ya sean subjetivas como objetivas. En función de la edad, puede comenzar a aparecer cierta alteración en la memoria, pero no por ello deja de colocarse fuera de lo esperable. Es mediante la evaluación neuropsicológica, principalmente, con lo que puede detectarse este deterioro cognitivo, fundamental para diferenciar ese estado de normalidad o aparición de alteraciones mnésicas propias de la edad (que tanto puede llegar a costar diferenciar). Es precisamente en esa transición (zona gris en el gráfico), o en la evolución del DCL a demencia donde la rehabilitación neuropsicológica y la involucración de la familia en el tratamiento pueden ayudar más a retrasar el deterioro.

El papel de la familia en este proceso resulta vital.

La intervención que el profesional lleve a cabo con los cuidadores se traducirá en la aceptación y comprensión de las consecuencias que el deterioro cognitivo supone conlleva no sólo de la persona, sino también al resto de la familia. Se buscará fomentar al máximo su autonomía optimizando sus capacidades bajo una visión realista mediante la creación de nuevos hábitos y rutinas. Promoviendo así la calidad del paciente y de su familia.

El entrenamiento cognitivo debe incluir un componente educacional que incluya a la familia, explicar a la persona qué se hace y porqué, tratando de aplicar y consolidar las estrategias que se van a enseñar. También un componente generalizador para que la persona pueda extender los trabajado en las sesiones a su vida personal.

Se aconseja comenzar con tareas poco demandantes, que aseguren el éxito y se sientan cómodos. Para que, poco a poco, se vaya aumentando el nivel de dificultad. Este entrenamiento debe ser individual, adaptado a sus puntos débiles y fuertes, ya que lo que funciona con una persona no tiene porqué funcionar con otra. No se trata de sobrecargar el sistema cognitivo, debe ser un proceso en el que se sienta cómodo y motivado para que no sea percibido como un deber o una tarea aversiva.

No va a ser una tarea fácil, por ello, se trabaja en equipo. Persona, familia y profesionales, lo más sincronizados posible.

¿POR QUÉ SE INCLUYE A LA FAMILIA EN EL PROCESO REHABILITADOR?

A continuación se explican algunos de los motivos:

  • Este nuevo escenario, para el que no se está preparado, puede generar problemas psicológicos en algunos miembros de la familia. Los más comunes son síntomas ansiosos y depresivos, sentimiento de culpa, de sobreprotección, así como desde la negación del trastorno hasta el excesivo optimismo.
  • Los cambios producidos probablemente deterioren la relaciones entre la familia y/o cuidadores y con el mismo paciente.
  • Su inclusión mejora el pronóstico de recuperación en gran medida. La familia será el principal apoyo social del que el paciente disponga.

Un programa que resulta eficaz para familiares y cuidadores es el entrenamiento en habilidades de manejo conductual. Se instruye a la familia en principios de aprendizaje, evaluación de problemas de conducta y técnicas de modificación de conducta. El objetivo es reducir las alteraciones de conducta frecuentes y disruptivas, consiguiendo además reducir el estrés que ocasionan a la familia o cuidador.

En neurobidea, desde el área de neuropsicología, intervenimos no solo en los síntomas cognitivos, si no también en los emocionales y comportamentales que están afectando a la calidad de vida de la persona. Gracias al entrenamiento en técnicas y estrategias psicológicas mejora la resolución de conflictos en su entorno a nivel familiar, laboral y/o social, además de disminuir la sintomatología psicológica y emocional.

Si le estás viendo las orejas al lobo y crees que tú o un allegado necesita de nuestros servicios no dudes en ponerte en contacto con nosotros. Seguro que podemos asesorarte para encontrar el mejor camino en este proceso.

BIBLIOGRAFÍA

  • Petersen, R. C., Rosebud, O. R., Knopman, D. S., Boeve, B. F., Geda, Y. E., Ivnik, R. J., et al. (2009). Mild Cognitive Impairment. Ten Years Later. Archive of Neurology, 66, 1447-1455.
  • Sugiura, M. (2016). Functional neuroimaging of normal aging: declining brain, adapting brain. Ageing Research Reviews, 30, 61-72.

¿Necesitas información más específica?

Explícanos tus dudas e intentaremos ayudarte.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.