MEMORIA
Olvidar conversaciones o lo que se ha estudiado, sobre todo en las epilepsias del lóbulo temporal.

Además de las crisis, la epilepsia puede afectar a la memoria, la atención y el ánimo. Evaluamos qué influye, la causa, las crisis o la medicación, y trabajamos sus consecuencias en coordinación con neurología.
La epilepsia es una de las enfermedades neurológicas más frecuentes, en niños y en adultos. A veces aparece sin causa conocida y otras es consecuencia de un daño cerebral: un ictus, un traumatismo, un tumor o una infección. Además de las crisis, muchas personas notan cambios en la memoria, la atención, el ánimo o el cansancio, que pesan tanto como las propias crisis en el día a día.
La zona del cerebro afectada y lo que provocó la epilepsia condicionan qué funciones se resienten.
Su frecuencia, su tipo y su control influyen en el rendimiento, antes, durante y después de cada una.
Imprescindible para controlar las crisis. Algunos fármacos o combinaciones pueden afectar a la velocidad o la atención.
Ansiedad, tristeza y mal descanso son frecuentes y empeoran la memoria y la concentración.
No le pasa a todo el mundo ni de la misma forma. Depende sobre todo de la causa, de las crisis y del tratamiento.
Olvidar conversaciones o lo que se ha estudiado, sobre todo en las epilepsias del lóbulo temporal.
Despistes, lentitud o «lagunas». Influyen las crisis, el sueño y a veces la medicación.
Dificultad para encontrar las palabras o seguir explicaciones largas, según la zona afectada.
Organizarse, planificar o cambiar de tarea, en casa, en el colegio o en el trabajo.
Ansiedad, tristeza, irritabilidad o fatiga. En niños, también dificultades de atención y aprendizaje.
Cuéntanos qué notáis y te orientamos sobre si conviene una evaluación.
Cuéntanos tu casoCuando aparecen dificultades, la pregunta es de dónde vienen. La evaluación neuropsicológica ayuda a separar lo que se debe a la causa de la epilepsia, a las crisis, a la medicación o al ánimo, y esa información es útil para tu neurólogo.
La epilepsia también deja huella por sí misma. Las crisis frecuentes o mal controladas, el tiempo de recuperación después de cada una y la actividad eléctrica anómala entre crisis pueden afectar a la memoria y la atención. Las crisis muy prolongadas, como el estado epiléptico, pueden dejar secuelas. Controlarlas bien es la primera forma de proteger la cognición.
Los fármacos antiepilépticos son imprescindibles. Algunos, sobre todo a dosis altas o combinados, pueden producir lentitud o problemas de atención. El buen manejo busca el equilibrio entre controlar las crisis y tener los menores efectos posibles, y medirlo con datos ayuda a tu neurólogo a valorar ajustes si lo cree conveniente.
Importante: nunca cambies ni dejes la medicación por tu cuenta. Retirarla de forma brusca puede provocar crisis graves. Nosotros aportamos información objetiva; las decisiones sobre el tratamiento son siempre de tu neurólogo o neuropediatra.



Cuando la epilepsia es consecuencia de un daño cerebral, la trabajamos junto a fisioterapia y terapia ocupacional, coordinados con neurología o neuropediatría.
La epilepsia aparece mientras el cerebro se desarrolla. Nos preocupa que el niño aprenda, preste atención y se sienta bien en clase y con sus amigos.
Evaluamos el aprendizaje y la atención, orientamos al colegio y hacemos seguimiento a medida que crece.
Preocupa el trabajo, conducir, la memoria del día a día y el efecto del tratamiento a largo plazo.
Medimos con datos cómo estás, damos estrategias concretas y seguimos la evolución con tu neurólogo.
Estas son las situaciones más habituales y por dónde solemos empezar; en la primera consulta lo valoramos contigo.
La epilepsia cambia la vida de toda la familia: el miedo a la próxima crisis, las dudas sobre conducir, trabajar, hacer deporte o salir solo, el estigma y, a menudo, la tendencia a sobreproteger.
Por eso explicamos los resultados también a la familia, damos pautas concretas (qué hacer ante una crisis, cómo organizar las rutinas y el sueño, cómo dar autonomía sin perder seguridad) y les escuchamos, porque lo que observan en casa es información clínica de primer orden. En niños, también nos coordinamos con el colegio.
Entender qué está pasando cambia la forma de convivir con ello.Y reduce mucho la sensación de ir a ciegas.


Trabajamos con lo que recomiendan las sociedades científicas y te explicamos con claridad los límites.
Por eso evaluamos, compartimos los resultados con tu médico y reevaluamos para ver la evolución.
Puede hacerlo, sobre todo cuando las crisis se originan en el lóbulo temporal o no están bien controladas. No le pasa a todo el mundo, y conocer el perfil concreto permite actuar.
Es posible, sobre todo con dosis altas o varios fármacos. La evaluación ayuda a medirlo, pero nunca cambies la medicación por tu cuenta: compartimos los datos con tu neurólogo para que valore si conviene un ajuste.
Las crisis frecuentes, largas o mal controladas pueden afectar al rendimiento cognitivo, y algunas situaciones, como el estado epiléptico, pueden dejar secuelas. Por eso el buen control es tan importante.
No necesariamente. Muchos niños no tienen ninguna dificultad. Si aparecen, evaluarlas pronto permite adaptar la enseñanza y trabajar la atención y el aprendizaje.
Sí, con tu consentimiento. El informe está pensado para tu neurólogo o neuropediatra, y compartimos objetivos cuando es útil.
No. Aunque se investiga, no la indicamos en personas con epilepsia.
Depende de si es una evaluación o un tratamiento, y de su frecuencia. Te lo explicamos siempre antes de empezar.
Cuéntanos qué notáis y desde cuándo. Te respondemos y te explicamos los siguientes pasos.
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